Con menos de 13 años fui de viaje a un pequeño pueblo
con la compañera de trabajo de mi madre, su marido, su hija y una amiga de su hija.
Eran un año mayores que yo. Y fue un fin de semana extraño.
Parecían chicas normales, un poco creídas a mi parecer, pero yo era una niña
y tampoco me importaba demasiado.
Me sacaron por la noche a un bar, sus padres pensaban que estabamos dando un paseo,
ellas pidieron alcohol, y se lo sirvieron, yo pedí una coca cola (no he querido beber nunca hasta los 18 por voluntad propia) y unos hombres mayores intentaron ligar con nosotras, unas crías.
Cuando nos fuimos de alli, sacaron sus porros y se los fumaron.
Me ofrecieron, pero no quise nada. No me interesaban las drogas.
Una serie de chicos mayores se acercaron a nosotras, y yo me sentía cada vez más incómoda con todo aquello.
No me fiaba de nadie, y menos aún cuando nos ofrecieron algo que llamaron : nevadito. Con la edad una aprende que es un porro con coca, pero por aquella época yo no sabía nada y aún así no quise acercarme a aquello.
Parecía todo sacado de una película, tanto que no se lo conté a nadie. Mis dos "amigas" acabaron echas mierda, y a los pocos años encontraron a una de ellas en un parque con una sobredosis, sin haber llegado a los 17 años.
No sé como he sobrevivido a tantas amistades.
No hay comentarios:
Publicar un comentario